Las estructuras son partes que sostienen, mantienen unidas y dan forma a las cosas que usamos todos los días. Gracias a las estructuras, los objetos no se caen, no se rompen y pueden cumplir su función. Podemos ver estructuras en muchos lugares: en un puente que aguanta el paso de los autos, en una mesa que sostiene los libros, o en un barrilete que necesita palitos para mantenerse firme en el aire. Una estructura puede estar hecha de madera, metal, plástico u otros materiales, y siempre está pensada para ser fuerte y segura.
EL SECRETO DE LAS ESTRUCTURAS (CUENTO)
Había una vez un pueblo llamado Armazonia, donde todos los objetos tenían vida: las mesas podían hablar, los puentes contaban historias y hasta los barriletes susurraban cuando volaban. Pero todos compartían un gran secreto: las estructuras.
Un día, Tomás y Luna, dos niños curiosos, le preguntaron a un viejo puente:
—Puente, ¿cómo hacés para aguantar a tantas personas y autos sin caerte?
El puente sonrió y les explicó:
—Todo lo que ustedes ven tiene una estructura. Una estructura es el conjunto de partes que sostienen, unen y dan forma a un objeto para que no se rompa y pueda hacer su trabajo. Yo tengo vigas fuertes, columnas y un suelo resistente que me ayudan a mantenerme firme.
Intrigados, los niños fueron a ver a una mesa.
—¿Vos también tenés estructura? —preguntaron.
—¡Claro! —respondió la mesa—. Mis patas y mi tablero están colocados de una manera especial para distribuir el peso y mantenerme derecha, aunque pongan muchos libros encima.
Luego corrieron al campo, donde un barrilete descansaba esperando al viento.
—¿Y vos, barrilete? ¿También tenés estructura?
—¡Por supuesto! —rió el barrilete—. Mis palitos cruzados me dan forma y estabilidad. Sin mi estructura, el viento me arrugaría y no podría volar.
Entonces Tomás y Luna entendieron que las estructuras podían ser grandes o pequeñas, de madera, metal o plástico, simples o complejas… pero todas tenían el mismo objetivo: dar firmeza, sostener y permitir que algo funcione bien.
De regreso a casa, Luna dijo:
—Creo que, sin estructuras, nada en este pueblo podría mantenerse en pie.
Tomás sonrió y respondió:
—Ni en Armazonia… ¡ni en el mundo real!
Y desde ese día, cada vez que veían un edificio, un mueble, un juguete o un puente, recordaban que detrás de todo eso había una estructura trabajando en silencio para que todo fuera seguro y resistente.


No hay comentarios:
Publicar un comentario